12 de May del 2017

¿Cáncer es igual a carne?

Los últimos datos que la OMS  ha dado acerca de la vinculación del cáncer con el consumo de carne han hecho saltar las alarmas a gran parte de la población. Esto no ha hecho más que confundir aún más al consumidor sobre un correcto uso de un alimento que está contemplado como esencial para llevar una alimentación sana y equilibrada.

 

Dentro de este informe cabe destacar que han metido en el mismo saco a la carne fresca y a la carne procesada. Por esto mismo quisiera resaltar y explicar la gran diferencia que hay entre comer un filete a la plancha, y comer unos canelones industriales que puedas encontrar ya listos para calentar en cualquier gran superficie o supermercado.

 

Según la OMS, la carne procesada es cualquier tipo de carne que ha sido trasformada con salazón, curado, fermentación, ahumado u otros procesos para mejorar el sabor y preservar el alimento. A su vez considera carne fresca la que proviene del músculo de un mamífero. La distinción entre carne roja y carne blanca se determina en función de la cantidad de mioglobina que tenga: Por ejemplo la ternera, el cerdo, el cordero  o un buey, son carne roja, pero sin embargo el pollo, el pavo, o incluso el cochinillo o el cordero lechal están considerados carnes blancas, siendo las dos carnes frescas, ya que es la cantidad de mioglobina lo que determina si una carne es roja o blanca y no el color en sí.

 

Cabe destacar que los aditivos, espesantes, colorantes y demás condimentos utilizados en cualquier proceso de cambio de un genero fresco a un género procesado, (de ahí el termino procesado) sí están identificados como factor de riesgo a la hora contraer cualquier tipo de cáncer, y cuanto mayor sea el consumo de dichas sustancias, más probabilidades hay de contraer una enfermedad cancerígena. Si a esto le sumamos otros malos hábitos, ya sea una vida sedentaria, desequilibrios alimenticios, consumo de alcohol, consumo de tabaco o altos niveles de estrés, hace que en combinación con la ingesta de estos productos químicos tengamos muchas más posibilidades de contraer una enfermedad cancerígena.

 

Hay que tener en cuenta que  la OMS, no ha realizado ningún estudio con hábitos alimenticios saludables en los que se introduzca en la dieta carne roja fresca (aquí dejo un enlace para entender de qué forma la OMS realiza un estudio), cosa que es muy importante porque no es lo mismo comer un filete de una res seleccionada por un profesional del sector, alimentada para un consumo al por menor, deshuesada y almacenada dentro un establecimiento tradicional para un público minorista, que alimentarse de productos procesados a gran escala, en los que el porcentaje de carne es de media un 80 %, y aditivos, conservantes y colorantes componen el 20% restante. Estos conservantes, espesantes, aditivos y colorantes,  sí son dañinos. Se ejemplariza fácilmente con dos productos que hace tiempo que la industria ha introducido en el mercado, como las carmes picadas burguer meat y las hamburguesas hechas de burguer meat. En las siguientes publicaciones hablaremos con mayor profundidad sobre este tema en concreto.

 

A la hora de llevar una dieta sana y equilibrada, la carne roja ocupa un lugar imprescindible, debido a su alto contenido en hierro y proteína, además de aportar vitamina B12 , una vitamina esencial para la producción de energía, que favorece la asimilación del hierro, ayuda a la producción de glóbulos rojos, regula la división celular y favorece la longevidad, entre otros muchos beneficios.